AN-tonio, en el 25 aniversario de su muerte

By Juan Emilio Ríos Vera

Mi amigo Antonio Rubio Rodríguez era un cantante atípico y un poeta urbano que no escribía poemas sino canciones desgarradas que no dejaban indiferente a nadie. Muy querido en su Algeciras natal y también en nuestro municipio de Manilva donde tenía muchos seguidores, hace ya 25 años que nos dejó huérfanos de su arte.

En este artículo quiero desgranar algunas de sus letras para valorar su obra desde el punto de vista del contenido.

Una de sus canciones emblemáticas, cuasi un himno diría yo, es, sin duda, “Kamina, revienta o escupe”. En ella encontramos en primer lugar su afán de transgresión que notamos desde el título con esa “K” de Kamina y con esa enumeración de verbos que nos habla de hartazgo y de deseos de soltar toda la rabia contenida en el interior de la mente.

Uno puede reventar cuando quiera, pero lo que no puede ni debe hacer essalpicar a otro de su dolor ni de sus derrotas. An-tonio sabe crear belleza para que luego la fealdad y el desgarro sean aún más intensos.

“Río Yuyu” es una delicada canción de amor donde Antonio casi se pone tierno si no fuera porque conserva la acritud en frases antológicas como la impagable y rotunda “Dios es caro” que esconde más que dice.

“La crisálida” dedicada a su madre es una canción de amor y devoción hacia su progenitora a la que quiere demostrar que, aunque no siempre se lo demuestre, la lleva siempre en su sentir.

“Eco (de pravia)” ya desde el título es una burla, una pirueta de palabras para decir lo de siempre, una dislocación de frases sagradas para convertir el amor y el sexo en sacros anhelos.

“Tinto” es un chascarrillo hecho canción, un conato de vomito vinoso que incomoda al principio pero que termina provocándonos una sonrisa cómplice.

“An-tonio” es una autobiografía gozosa donde el protagonista nos cuenta una plena relación amorosa que nos deja imágenes de alta poesía, pero que no da cabida al romanticismo sino a la realidad del día a día.

“Por Andrés” es una de mis canciones favoritas por su elegancia y emotividad y porque es un homenaje sincero y sentido al gran guitarrista Andrés Rodríguez que murió pocas fechas antes que el propio autor. Quiero acabar repasando con escalofrío la letra de “el cuarto paso” que contiene su profético y terrible “Hay algo en mí que no quiere vivir” donde adivinamos tantas cosas y comprendemos su difícil pasear por el alambre de la vida deseando más el vacío que el suelo, el olvido que el presente, la nada que el todo. En fin. An-tonio era así y así lo queríamos y lo queremos.

ED Gladstone
Author: ED Gladstone

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